lunes, 29 de diciembre de 2014

Rumbo a nuestro nuevo destino: Jerusalén.



Kippas para todos los gustos

Con el corazón un poco encogido por lo que nos espera (sobre todo tras los terribles acontecimientos del verano), pero ansiosos por vivir en una de las ciudades más antiguas del mundo, nos desplazamos con nuestro “ligero” equipaje al aeropuerto.

Dos perros, con sus dos cajas, dos niñas, con sus pañales, biberones, juguetes, nuestras maletas, la thermomix, los ordenadores, tablets, ebooks y demás aparatejos que la vida moderna impone son nuestro equipaje para varios años. 

Para desplazar tamaña cantidad de bultos necesitamos llamar a un amigo que con coche y remolque nos lleve al aeropuerto, donde nada más llegar descubrimos que la fila de facturación de nuestro vuelo está custodiada por sendos soldados y unos cuantos pseudo-seguratas guaperas de la compañía israelí, que “amablemente” nos invitan a contestar a algunas preguntillas, por separado:

-          ¿A dónde vais?
-          ¿Por qué?
-          ¿Quién es ese tipo que os acompaña? ¿Y de qué lo conocéis?

Con nuestra mejor sonrisa contestamos, y al parecer pasamos la prueba exitosos. Allá vamos Tierra Prometida…o eso creíamos.

Tras embarcar con no pocas dificultades, con las enanas a cuestas, los bibes que no pasan el control, las botas que pitan, subimos al avión y tras varias horas de espera sin que dé muestras del menor movimiento, nos invitan a bajar por fallos técnicos.

Vuelta a cargar con niñas, maletas de mano, chupetes, papillas…y a esperar…

En la sala del aeropuerto las horas pasan, y claro, a los más piadosos, que eran unos cuantos en el avión, les llega la hora de rezar. Para ello se tienen que poner frente a un muro orientado hacia Jerusalén, y que en este caso, coincidía con la pared de los baños del aeropuerto. 

La escena es bastante grotesca: un puñado de hombres ataviados de negro, con barbas, tirabuzones, sombreros de ala ancha recitando salmos frente a los cartelitos de los aseos.

-          Mira mamá, Papoel quiere caca!!! (Papá Noel, en lenguaje de 3 años).

Y es que para mi enana aún no es fácil distinguir entre un barbudo ortodoxo y un barbudo navideño.
Tierra trágame.

- Señores viajeros. El avión a Tel Aviv no saldrá hoy por fallos técnicos, pero para los que tengan urgencia, se les puede cambiar al vuelo que sale de madrugada vía París. Prioridad de plazas para religiosos. Los Papás Noeles de negro se amontonan alborotados en torno a la azafata de tierra.
- ¿¿¿¿?????

Y es que claro, al día siguiente es viernes, y a las 4 de la tarde empieza el Shabat, por lo que es impensable que un ortodoxo vuele en las horas próximas a ese momento de la semana…pero de eso hablaré en sucesivas crónicas.

Nosotros, simples laicos, nos vemos volviendo a nuestra casa, vaciada y cerrada por lo que creíamos una larga temporada, con nuestras 8 maletas, 2 niñas,2  perros, 2 sillitas y  mucho desconcierto.
Al día siguiente, como si del día de la marmota se tratase, volvemos a nuestras andadas…al menos esta vez conseguimos llegar a nuestro destino, Jerusalén, agotados, sucios y hambrientos: El catering del avión del día anterior se había tirado por normativas higiénicas, y como en el aeropuerto de Marsella no tenían catering kosher, todos los viajeros nos quedamos sin comer. Empiezo a sentir un picorcillo antireligioso que creo  sólo podrá ir en aumento en mis próximas semanas…veremos.

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